Hace unas semanas me pidieron dar una clase muestra. Lo que no me dijeron es que la alumna tenía solo cuatro años.
Según me contó la mamá, la niña ya había empezado a mostrar interés por el ajedrez. Había jugado un poco, aunque todavía no se aprendía el movimiento de todas las piezas. Su madre, con buena intención, dijo algo que escucho con frecuencia: “si no es ahorita, ¿cuándo?”. Mi respuesta fue sencilla: cuando esté lista. No creerán lo que me pregunto después.
No me malinterpreten: a los cuatro años sí se puede aprender ajedrez. Existen grupos de preajedrez en kínderes que preparan a futuros talentos. Pero también hay que reconocer algo: no es para todos los niños. Y aquí entra mi opinión como entrenadora que prefiere ofrecer clases de calidad antes que cantidad de alumnos.
Rompiendo el mito: ajedrez e inteligencia
Primero, quitemos el mito de que el ajedrez está directamente relacionado con la inteligencia o con la excelencia.
Dos de mis mejores amigas tienen doctorado en ciencias y jamás han tocado un tablero.
El ajedrez es, ante todo, un deporte, y como todos los deportes, no es para todos. Pero antes de saber si es adecuado o no para alguien, esa persona debe haber desarrollado ciertas habilidades cognitivas y conceptos abstractos.
Esto no ocurre solo con el ajedrez: también leer y escribir requieren habilidades y experiencias previas. La diferencia es que el sistema educativo contempla actividades pre lectoescritura desde el kínder, y aun así, algunos niños aprenden a leer a los cuatro años y otros hasta los siete. Ninguno es mejor que el otro: cada niño tiene su propio ritmo, intereses y forma de aprender.
Aprender desde pequeños: ventaja, no obligación
Aprender algo desde pequeños puede sentar las bases para una futura carrera, claro que sí.
Faustino Oro es un gran ejemplo de ello. Pero no todos los niños son Faustino Oro, ni debemos esperar que lo sean.
El trabajo de los padres es detectar los intereses y pasiones de sus hijos y buscar potenciarlos, pero también observar con objetividad si realmente es el momento adecuado para exigir un sobreesfuerzo. La pregunta es: ¿vale la pena ahora, o es mejor esperar?
Aunque yo prefiero alumnos mayores de 8 años, también puedo decir que he tenido otros de mayor edad que les cuesta mucho más que a otros más pequeños. Nuevamente, dependemos de quienes somos y qué cosas nos han definido.
La nueva prisa por aprenderlo todo
Vivimos en una época de satisfacción inmediata, donde parece que los logros deben llegar cuanto antes. Pero la vida no debe vivirse tan de prisa que nos impida disfrutar de nuestros propios tiempos.
No es necesario que los niños aprendan todo antes de los siete años. También es fundamental dejarlos jugar, porque el juego es una forma natural de aprendizaje.
A través de los juegos infantiles, podemos enseñar conceptos que más adelante se aplican a actividades más complejas, como el ajedrez.
Personalmente, creo que el pre ajedrez se enseña mejor en grupos medianos que de forma particular. Pero lo correcto siempre será consultar la valoración de un entrenador con experiencia, que pueda determinar si el niño está listo o si conviene esperar un poco más.
Evaluar, acompañar y esperar
Después de valorar a la niña, concluimos que aún no mostraba un interés real, lo cual es completamente común. Las piezas del ajedrez llaman la atención por su forma, pero eso no siempre significa que exista una verdadera motivación por aprender el juego.
Le dije a su madre que con gusto podríamos intentarlo de nuevo en unos años, y le recomendé actividades sencillas para hacer en casa, pensadas para cuando la niña quisiera jugar “ajedrez”.
Conclusión
A los cuatro años se puede aprender ajedrez, pero no es una obligación ni una carrera contra el tiempo.
Cada niño tiene su propio ritmo, y el papel de los adultos no es acelerar su desarrollo, sino acompañarlo con paciencia y empatía.
El ajedrez, como cualquier otro aprendizaje, debe llegar cuando el niño esté listo para disfrutarlo.